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La universidad española ante el escenario abierto por la pandemia de COVID-19

Ágora FGCSIC – Núm. 02

 

El sistema universitario español se ha volcado con la sociedad a la que sirve para
minimizar en lo posible el impacto de la pandemia. Tuvo que adaptarse a una
situación de emergencia en cuestión de horas para evitar el colapso y su impacto
sobre un millón y medio de estudiantes, lo que no le impidió salir de las aulas para
poner sus recursos materiales y humanos al servicio de la reconstrucción social y
económica del país.

 

Salustiano Mato de la Iglesia
Vicepresidente adjunto de Crue Universidades Españolas

 

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La pandemia de la enfermedad COVID-19 constituye una amenaza a nivel mundial y ha afectado y está afectando de forma muy importante a nuestro país. Los desafíos a los que nos enfrentamos requieren más que nunca de generosidad, altura de miras, visión de futuro y capacidad de respuesta inmediata que nos permitan ofrecer soluciones de alcance a nuestra sociedad.

 

Las universidades pusieron a disposición del Gobierno y las instituciones sanitarias todo el material que pudiera servir de ayuda a nuestro sistema nacional de salud

 

El sistema universitario español se ha volcado con la sociedad a la que sirve para minimizar el impacto de la pandemia en lo inmediato y en el medio plazo. De esta forma, no solo se ha adaptado a esta situación de emergencia en cuestión de horas para mantener la calidad de su actividad, sino que ha salido de las aulas y los laboratorios para, a través de sus recursos materiales y humanos, transferir el conocimiento adquirido, con vistas a ayudar a afrontar la fase aguda de la pandemia y contribuir a la reconstrucción social y económica del país en eso que ya denominamos “nueva normalidad”.

 

Mirando a la sociedad

Desde el primer momento, las universidades han puesto a disposición del Gobierno y de las instituciones sanitarias todo el material que pudiera servir de ayuda a nuestro sistema nacional de salud. Para ello, se hicieron inventarios de todo tipo de material existente en los laboratorios, como mascarillas, guantes, equipos de protección individual, gafas o productos desinfectantes, creando un auténtico stock que resultó de gran utilidad en los momentos iniciales y más agudos de la pandemia. Incluso ante la falta de distintos tipos de equipamiento crítico fundamentales para salvar vidas, como son los equipos de ventilación asistida, muchos laboratorios universitarios se pusieron a colaborar con diversas empresas para su fabricación y producción rápida, cuando no fueron ellos mismos los que los fabricaron.

Un ejemplo muy significativo de esta generosidad de las universidades ha sido la acreditación de laboratorios universitarios para la realización de pruebas PCR. Más de 50  universidades han puesto a disposición sus laboratorios acreditados para la realización de pruebas PCR con una capacidad total de realización de más de 10.000 pruebas al día, que en muchos casos han podido complementar la tarea del Instituto de Salud Carlos III y del sistema de salud en general. Cito aquí la experiencia de la Universidad Complutense de Madrid que, a través de la campaña PCR´s UNIVERSIDAD & UME-NVQ para Residencias, ha acreditado 11 laboratorios de PCR cuantitativas en las diferentes facultades de ciencias de la misma (Ciencias, Biológicas y Veterinaria), para operar como laboratorios colaboradores del Instituto Carlos III.

 

 

En estas iniciativas, no solo se ponía a disposición la infraestructura sino también el capital humano de las universidades. De hecho, además del personal universitario integrado en todos los centros hospitalarios del país, un gran número de profesionales de distintas disciplinas ofrecieron su ayuda y se incorporaron como refuerzo para ayudar a nuestros profesionales de la sanidad pública. De esta forma, fueron habilitados los alumnos de los últimos cursos de medicina y otras especialidades sanitarias. Psicólogos, psicopedagogos, trabajadores sociales y otros profesionales de áreas no sanitarias se sumaron también para reforzar la atención a las familias afectadas o en los centros sensibles, como las residencias de mayores. Más de 1.700 trabajadores del sistema universitario español (SUE) se identificaron y se pusieron a disposición del sistema nacional de salud para apoyo diagnóstico. De ellos, cerca de un millar fueron desplazados a distintos hospitales y centros de salud.

 

A la convocatoria Fondo Supera COVID-19 se han presentado más de 600 proyectos multidisciplinares e interuniversitarios, lo que indica el enorme músculo de nuestro sistema

 

Pero, más allá de lo inmediato, el SUE está trabajando en el corto plazo para acelerar todo tipo de trabajos de investigación que puedan resolver de manera rápida muchos de los problemas derivados de esta crisis. En estos momentos hay en marcha numerosos proyectos de investigación que se han presentado a las distintas convocatorias públicas. Y un ejemplo paradigmático del compromiso de las universidades es que estas han decidido, junto con el CSIC, destinar una parte sustancial de los recursos donados por el Banco Santander a la creación de un fondo, en el que el propio banco ha puesto una cantidad adicional. Con esta iniciativa, universidades, CSIC y Banco Santander han organizado conjuntamente la convocatoria Fondo Supera COVID-19, con 8,5 millones de euros, a la que se han presentado más de 600 proyectos  multidisciplinares e interuniversitarios, lo que indica el enorme musculo de nuestro sistema y el gran compromiso del mismo en volcar el conocimiento para resolver todo tipo de problemas creados por la pandemia. Gracias a esta convocatoria, se han puesto en marcha proyectos de investigación que, a partirde resultados de aplicación inmediata o a corto plazo, pueden ayudar a comprender el virus SARS-CoV-2 y a combatir la enfermedad que provoca, con el fin de mejorar la situación sanitaria, social y económica que está produciendo la pandemia. Dichos proyectos se enmarcan dentro de las siguientes líneas prioritarias: Caracterización clínico-molecular de la enfermedad COVID-19, Desarrollo de terapias para el tratamiento de la enfermedad COVID-19, Inteligencia artificial y análisis masivo de datos orientados al control clínicoepidemiológico de la enfermedad COVID-19 y Desarrollo de protocolos de atención y cuidado de pacientes afectados de la COVID-19.

Además de la investigación específica sobre el virus, se han puesto en marcha iniciativas que permitan el desarrollo, producción y mejora de equipamientos y productos sanitarios homologables para la lucha contra la COVID-19, como material esencial para hospitales y residencias de mayores, en el que se incluyen equipos de protección, test rápidos de detección y laboratorios PCR, equipos de monitorización, oxigenoterapia, ventilación mecánica, métodos de inteligencia artificial para la detección y control epidemiológico de la enfermedad y productos químicos sanitarios. Todo ello ha de servir para tener mayores capacidades propias a la hora de autoabastecernos de los recursos mínimos necesarios frente a la pandemia.

 

Muchos laboratorios universitarios se pusieron a colaborar con distintas empresas para la fabricación y producción rápida de equipos de ventilación

 

También se han iniciado numerosas actuaciones con el objetivo de analizar los efectos de la enfermedad COVID-19, a través de una metodología multidisciplinar que incluye las Ciencias Sociales, Humanas, del Comportamiento y Jurídicas, siempre con el propósito de paliar sus consecuencias. Se han financiado proyectos en los siguientes ámbitos: estudios y proyectos de investigación con perspectiva de género sobre el impacto de la crisis en las condiciones económicas y laborales de las mujeres y hombres durante y después de la crisis, así como el efecto de la crisis en el empoderamiento de la mujer y en la violencia de género; estudios e investigación en gestión de crisis, análisis y tratamiento de pandemias a partir de experiencias previas y de la actual, planificación de escenarios seguros para futuras pandemias, estudios sobre el impacto económico y las condiciones de vida de la población durante y después de superar la pandemia; estudios de cómo gestionar las situaciones de estrés, incertidumbre y aislamiento por el confinamiento y el trabajo; estudios y análisis de la situación desde la perspectiva de los Objetivos de Desarrollo Sostenible e impactos de la pandemia en la consecución de la Agenda 2030; estudios comparados de salud y medioambiente, acciones devoluntariado y cooperación regional, nacional e internacional, con especial atención al ámbito universitario por parte del estudiantado y profesorado de la rama de Ciencias de la Salud y de otras ramas, en servicios a la comunidad y acciones decooperación internacional.

 

Pensando en los estudiantes

Como señalaba el presidente de CRUE Universidades Españolas y rector de la Universidad de Córdoba, José Carlos Gómez Villamandos, en un reciente artículo publicado en The Conversation, “tomar decisiones que afectan a cientos de miles de personas nunca es fácil. Menos aún en un escenario de total incertidumbre y ausencia de datos
que nos ha forzado a adaptarnos a los acontecimientos prácticamente día a día. Cuando dentro de unos años analicemos todo lo que hemos pasado en estos meses de crisis de la COVID-19, seremos capaces de valorar en toda su dimensión las medidas de «docencia en remoto de emergencia» que se tuvieron que activar en apenas unas horas para evitar el colapso total del sistema universitario y su impacto sobre un millón y medio de estudiantes”. Esta declaración resume muy bien lo que ha realizado la universidad española para ser capaz de mantener su actividad en estas condiciones tan extremas e inesperadas, haciéndolo en horas y manteniendo finalmente la calidad académica de una forma digna.

El presidente José Carlos Gómez Villamandos en la asamblea general de Crue, celebrada el 13 de mayo de 2020

 

Para que haya resultado posible, se tuvo que actuar de manera acelerada en un primer momento, con vistas a desarrollar, junto con el Ministerio de Universidades, un conjunto de medidas extraordinarias que permitieran el desarrollo normal del curso y que los alumnos pudiesen, de alguna forma, llevar a cabo todas sus actividades académicas estando “confinados”. Definir cómo desarrollar las practicas externas, los sistemas de evaluación en remoto, la adaptación metodológica en el desarrollo de actividades académicas (como las prácticas de laboratorio o las pruebas de acceso a la universidad) y, sobre todo, actuar rápidamente para paliar la brecha digital, son algunos ejemplos de la inmensa actividad que han tenido los rectores con el Departamento dirigido por Manuel Castells, al que han enviado innumerables documentos, informes y recomendaciones.

Así, por ejemplo, en cuanto a la brecha digital, se tomaron medidas dirigidas al fortalecimiento de la capacidad TIC del sistema universitario español, centradas en fortalecer y complementar la actividad docente no presencial en un marco de equidad para todos los estudiantes. De forma más específica, se establecieron los siguientes objetivos estratégicos prioritarios: dar respuesta al colectivo de estudiantes que se encuentran dentro de la denominada brecha digital con soluciones tecnológicas estandarizadas; mejorar la estabilidad de los sistemas informáticos que actualmente están disponibles para las universidades; desarrollar soluciones tecnológicas deevaluación, así como métodos y sistemas de seguimiento de actividad docente desde plataformas digitales; y promover iniciativas para la formación del PDI, el PAS y el estudiantado en competencias digitales.

 

El sistema universitario español está trabajando para acelerar todo tipo de trabajos de investigación que puedan resolver de manera rápida los problemas derivados de esta crisis

 

Superada la fase de cambio de una docencia presencial a otra no presencial, y en buena medida la de las evaluaciones, la gran pregunta es cómo iniciaremos el curso que viene. En este sentido el posicionamiento de CRUE es claro: “no queremos renunciar a la docencia presencial porque es seña de identidad de nuestra enseñanza universitaria y vamos a hacer todo lo posible para preservarla porque sabemos que es indiscutible su eficiencia en la transmisión de conocimientos y en la adquisición de competencias  transversales como la capacidad de comunicación, el trabajo en equipo, la sociabilidad y la empatía”.

 

 

En este sentido, para preservar la docencia presencial el próximo curso se necesita una gran apuesta por el sistema público de educación que nos permita, a través de recursos humanos y materiales suficientes, realizar la tarea en grupos reducidos y asegurando la distancia de seguridad. Este es el principal camino. Las bondades de las herramientas no presenciales solo deben ser usadas para complementar las actividades presenciales. Por nuestra parte, desde la comunidad universitaria se deben ajustar los componentes académicos, los organizativos y los recursos a contextos de aprendizaje alternativos. El profesorado adaptará los contenidos, la metodología, las estrategias docentes, las actividades de evaluación y los recursos de las asignaturas a una nueva planificación para que el estudiantado logre los resultados de aprendizaje esperados en el marco delEspacio Europeo de Educación Superior.

 

Habrá que esperar un tiempo para valorar el enorme esfuerzo que hubo que realizar en unas pocas horas para evitar el colapso del sistema universitario y su impacto sobre un millón y medio de estudiantes

 

Todo tiene un límite y este lo hemos alcanzado en los meses de emergencia; ahora debemos trabajar desde las condiciones de la “nueva normalidad”, sin renunciar a la esencia de nuestro cometido.Debemos hacer una correcta y completa planificación del próximo curso, definiendo todos los escenarios posibles. Y en ello están trabajando todas las universidades. Debemos ofrecer, de forma transparente y clara, información a los estudiantes de cuáles van a ser las condiciones en las que se desarrollará el próximo curso. Es muy importante que conozcan en el momento de hacer la matrícula todos los escenarios a los que se pueden enfrentar y cuáles serán las modificaciones de las actividades a realizar en cada caso. Es por esto por lo que se están definiendo guías docentes para una situación normal, sin restricciones, pero también variaciones de las mismas en función de las restricciones que puedan marcar las autoridades sanitarias.

 

No queremos renunciar a la docencia presencial porque es seña de identidad de nuestra enseñanza universitaria

 

Querría finalizar este artículo con la reflexión realizada por nuestro presidente: “cuando el coronavirus cambió radicalmente nuestras vidas, desde las universidades nos marcamos el objetivo de que ningún estudiante quedase atrás por culpa de la emergencia sanitaria. En estos días, tendremos que evaluar si hemos alcanzado esa meta y si lo
hemos hecho con la adecuada formación de nuestros estudiantes. Lo que sí sabemos con certeza es que la comunidad universitaria ha realizado un esfuerzo como jamás antes se había visto y que tenemos por delante un nuevo curso que es todo un reto”.

COPYRIGHT © 2020 FUNDACIÓN GENERAL CSIC. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.
Prohibida su reproducción total o parcial sin permiso de los autores

 


Salustiano Mato de la Iglesia

Doctor en Biología por la Universidad de Santiago de Compostela y catedrático de Zoología del Departamento de Ecología y Biología Animal de la Universidad de Vigo, ha desarrollado su actividad investigadora en los campos de la fauna y ecología del suelo, y en el tratamiento de residuos orgánicos. Su actividad investigadora en el ámbito de la Biotecnología Ambiental ha estado centrada en el desarrollo de novedosos sistemas de tratamiento de residuos orgánicos mediante compostaje. Como resumen de su actividad investigadora, cabe destacar la dirección de nueve tesis doctorales y siete tesis de licenciatura; la publicación de cerca de 90 artículos científicos; la dirección de más de 60 proyectos y contratos de investigación, tres patentes de invención, numerosos convenios y tres premios de investigación. Ha ocupado numerosos puestos de responsabilidad en el ámbito de la política científica, entre ellos el de director general de I+D+i de la Xunta de Galicia (2005-2009) y el de rector de la Universidad de Vigo (2010-2018). Desde 2018, es presidente ejecutivo de CRUSOE (Conferencia de Rectores de la Universidades del Sudoeste de Europa), así como vicepresidente adjunto de Crue Universidades Españolas. Asimismo, preside la Comisión asesora para el sexenio de transferencia en la ANECA y es miembro del Consejo asesor de UNIBASQ. Actualmente, forma parte del Comité asesor de la Fundación General CSIC.