I+D en envejecimiento: Proyectos Cero FGCSIC

JOAN SUBIRATS

Instituto de Gobierno y Políticas Públicas. Universitat Autònoma de Barcelona

MERCé PéREZ SALANOVA

Instituto del Envejecimiento. Universitat Autònoma de Barcelona

El reto de la nueva ciudadanía. Nuevos relatos y nuevas políticas para distintas personas mayores

Los autores son partidarios de establecer propuestas que permitan reforzar la participación de las personas mayores en el proceso de elaboración y ejecución de políticas públicas para promover el envejecimiento activo. Todo ello, desde el reconocimiento de la heterogeneidad y diversidad de ese colectivo, desde la incorporación de prácticas significativas al respecto y desde el uso de las tecnologías de información y comunicación.

 ¿Son todas las personas mayores iguales? ¿Se les pueden aplicar de forma homogénea unas mismas políticas? ¿Podrían ellos y ellas participar de manera activa en las políticas que les DESTACADOSPerfil: Joan SubiratsPerfil: Mercè Pérez Salanova
afectan o el argumento de sus condiciones vitales justifica que sean objeto de atención más que sujeto de esas políticas? ¿Puede tener efectos en todo ello la revolución que está implicando Internet y sus aplicaciones en el mundo de la creación, producción y participación?

El proyecto «Envejecimiento activo. Ciudadanía y participación», que forma parte del conjunto de cinco proyectos de la convocatoria Proyectos Cero en envejecimiento, propulsada y financiada conjuntamente por la Fundación General CSIC y la Obra Social «la Caixa», tiene como objetivo básico tratar de responder, en la medida de lo posible, las preguntas que encabezan este artículo. Y lo quiere hacer explorando e identificando pautas y procesos que permitan la participación activa de las personas mayores en las políticas públicas que les afectan, oyendo las voces directas de los protagonistas. Al mismo tiempo, se quieren explorar e identificar también aquellas potencialidades que ofrecen las tecnologías de la información y comunicación para empoderar a esas personas, haciéndolas protagonistas y no meras receptoras de medidas y ayudas pensadas sin ellos ni ellas.

Se parte de la idea de que los mayores son personas que quieren participar activamente y de manera integral en la sociedad española. Una sociedad que encara este siglo con la preocupación de velar, de forma equilibrada y equitativa, por el conjunto de necesidades y expectativas de todas las personas sea cual sea su edad, género o condición. Es necesario estimular y reconocer la gran contribución de las personas mayores al bienestar del país, y el papel que han desempeñado y que pueden o podrían seguir teniendo en relación a la gente que les rodea, en relación a las comunidades dónde viven y se relacionan, y en relación al conjunto del país y del mundo.

Estos valores y deseos contrastan con una realidad en la que se considera a las personas mayores como objeto de atención, más que como sujetos dotados de autonomía, y mucho menos como personas capaces de desarrollar críticamente esa autonomía. En el proyecto se parte de unos elementos normativos (valores) que entendemos han de inspirar los aspectos sustantivos y operativos de las políticas que más afectan a ese gran colectivo de españoles.

Para alcanzar esos objetivos, el proyecto presentado incorpora diversas herramientas metodológicas para lograr, por una parte, construir adecuadamente el diagnóstico sobre los cambios que están operando en la conformación del colectivo de gente mayor, desde el reconocimiento de su heterogeneidad, y, por otra parte, fundamentar sólidamente las propuestas que el proyecto se compromete a desplegar en relación a las políticas públicas que las distintas instituciones y entidades dirigen a ese colectivo de personas. Se ha escogido un conjunto de cuatro comunidades autónomas, Andalucía, Cataluña, Comunidad Valenciana y Comunidad de Madrid en las que analizar las iniciativas desarrolladas en los últimos diez años. Se cuenta con la opinión de informantes clave, auténticos referentes en el tema, para que nos ayuden a construir correctamente el marco analítico en el que trabajar, y luego se pasará a un trabajo más concreto de análisis de la realidad específica en distintos entornos urbanos y rurales.

Hay cuatro aspectos a los que el proyecto concede una especial atención. Uno es el análisis de lo que denominamos «participación». Nos preocupa el partir de una perspectiva demasiado estrecha sobre este concepto-paraguas que muchas veces se interpreta de manera poco rigurosa. Por otro lado, quisiéramos trabajar más los aspectos demográficos, para identificar adecuadamente tendencias y ciclos de cambio. También nos interesa profundizar en la distinción de los entornos rural y urbano. Y no queremos dejar de trabajar la solidez metodológica del proyecto cuando lo que está en juego es el establecimiento de propuestas de innovación social que puedan mejorar la orientación de las políticas públicas para ese colectivo crecientemente significativo.

Partimos de un punto relevante: la revolución tecnológica que supone Internet está modificando nuestras formas de vida. Y un proyecto de investigación que no incorpore esa variable, entendemos que puede errar notablemente en sus conclusiones. Para nosotros ese es un tema central y de hecho, dedicaremos una atención transversal al tema de las tecnologías de la información y comunicación a lo largo de todo el proyecto y, sobre todo, en sus perspectivas de innovación social y tecnológica. Queremos ahora ofrecer a los lectores algunas de las bases teóricas y conceptuales en las que se basa nuestro proyecto.





Nuevos tiempos, nuevas situaciones
Existe una clara contradi­cción entre los cambios acelerados a los que estamos sometidos y la tenacidad con la que mantenemos una letanía de prejuicios sobre un conjunto de temas que ya no son, ni de lejos, lo que eran hace solo unos años. Asimilamos, por ejemplo, fase adulta avanzada y ancianidad con decadencia física e intelectual. Y mantenemos horizontes temporales sobre este tema, que son día a día desmentidos por la tozudez de las cifras de esperanza de vida, el alargamiento de los ciclos vitales e intelectuales, o por la constante presencia de personas adultas y mayores activos en todo tipo de acciones y procesos. Descubrimos cada día que las personas llegan a edades notablemente avanzadas manteniendo altas dosis de adaptación y de flexibilidad ante los cambios. Y tenemos crecientes dificultades para ubicar los hitos vitales que distinguen a niños de jóvenes, a jóvenes de adultos, o adultos de mayores, cuando además todo ello se complica según hablemos de hombres o de mujeres, de unas u otras generaciones, de personas que viven en grandes ciudades o en zonas de baja densidad demográfica, o si se trata de personas con trayectorias laborales más o menos centradas en esfuerzos físicos y manuales.

Las carencias y estrecheces del relato hasta ahora hegemónico, ha situado a los mayores como personas frágiles, necesitadas de atención, con problemas de comprensión y de movilidad, muy limitadas en cuanto a sus posibilidades de ocio y de placer, básicamente improductivas y destinadas a acabar sus días en una institución especializada en Se parte de la idea de que los mayores son personas que quieren participar activamente y de manera integral en la sociedad españolaeste tipo de población dependiente. Con estos mimbres, no resulta extraño que las políticas públicas que se orientan a este gran colectivo de personas resulten esencialmente obsoletas y poco satisfactorias para sus destinatarios. Necesitamos repensar con ellos y ellas estas percepciones, tratando de recomponer a las personas en su plenitud, superando la fragmentación de problemas y respuestas y evitando tanto la infantilización (negando el autogobierno de personas que padecen limitaciones significativas en su autonomía funcional) como la ilusión de una etapa dorada (irreal y parcialmente solo accesible a unos pocos). La manera de repensar esa realidad precisa partir de una concepción plena de ciudadanía, en la que podamos caber todos, sea cual sea nuestra edad, género u origen.

Necesitamos una perspectiva de ciudadanía en la que avancemos hacia una sociedad en la que podamos estar todos, cada uno desde su propia especificidad y dignidad. Y ello supone reconocer las especificidades que implican las diferencias en edad, opciones afectivo-sexuales, creencias y pautas culturales, así como, capacidades y género. Los valores que entendemos básicos para fundamentar esta visión de ciudadanía tienen que ver con la autonomía personal, la igualdad y la diversidad, entendiendo cada uno de esos conceptos desde una perspectiva integradora no exenta de tensiones y dificultades en su articulación. Y es desde esa concepción desde la que hemos planteado el proyecto, tratando de relacionar esos valores con las especiales características que implica una nueva visión del papel de las personas mayores en nuestra sociedad (ver Figura 1).


El valor de la autonomía personal
Ser mayor no significa lo mismo que ser inútil. La gente mayor quiere seguir siendo y sintiéndose personas útiles y autónomas el mayor tiempo posible. Y esto no tiene solo que ver con las específicas condiciones de vida y de salud de cada uno, sino que tiene que ver también con el ser útiles socialmente, realizando tareas y funciones socialmente útiles que ya ahora se desarrollan, pero que no se reconocen. Quiere asimismo decir que toda etapa vital es buena para aprender y para enseñar. Compartiendo saberes. El papel de la gente mayor como alumnos y como profesores nos parece evidente. A todos nos queda mucho por aprender. Y en ese sentido, conviene resaltar el gran atraso de nuestro país en el tema de la formación de adultos. Hablamos de sociedad del conocimiento, pero todavía hay un buen número de ciudadanos y ciudadanas a los que les cuesta seguir la lectura de un libro o no saben por donde empezar cuando están frente a un ordenador.

Es evidente que se está avanzando en el tema, pero es necesario insistir, entendiendo que ciudadanía plena y acceso digital cada vez van a ir más unidos. Hace falta invertir en equipamientos, en aulas, pero también en formadores adecuados, en equipos aptos en su configuración por las dificultades de vista o de manipulación de los aparatos. Los adelantos ergonómicos deben ir acompasados con espacios y personas que se dediquen a enseñar de manera especializada a la gente mayor el acceso a las tecnologías de información y comunicación. El objetivo, recordémoslo una vez más, es que todos seamos más autónomos. Que nos podamos valer por nosotros mismos. Que podamos aprovechar los recursos de conocimiento, de accesibilidad y de interacción que permiten estas tecnologías y que cada día lo permitirán más y más. El proyecto que aquí presentamos quiere incidir en ello de manera clara y concreta.


El valor de la igualdad y las condiciones de vida
Sabemos que el país ha mejorado muy significativamente en lo concerniente a las condiciones de vida en los últimos treinta años. Y debe valorarse muy positivamente. Pero también sabemos que las desigualdades siguen existiendo y que estas afectan especialmente a muchos mayores. Los datos que manejamos nos indican que la gente mayor representa hoy más del 20% de la población. Cerca del 60% son mujeres. Muchas de esas personas viven solas, la mayoría son del sexo femenino. Cerca del 30% de las personas de más de 65 años tienen alguna clase de discapacidad. En estudios recientes se certifica que el riesgo de pobreza es casi el doble en este sector de la población que en otros grupos de edad. Una de cada tres personas mayores está en esta situación, la cual afecta especialmente a las viudas y a las mujeres mayores que viven solas. Es cierto que hay mayores que goza de buenas condiciones económicas y de bienestar, pero los que nos debe preocupar son los que atraviesan por situaciones de desigualdad, discriminación, exclusión o tienen condiciones de vida muy precarias.

Hemos de ser conscientes, además, que habitualmente existe una coincidencia fatal entre personas con frágiles condiciones de vida y personas con poca capacidad para hacerse oír. Esas personas mayores, que viven con muchas precariedades, tienen derecho a ser ciudadanos como nosotros, aunque casi siempre permanecen invisibles. Y para ello entendemos que resulta clave trabajar de manera concreta, como lo quiere hacer el proyecto, en mecanismos que permitan a los mayores hacer oír directamente sus voces en las políticas públicas que les afectan.


El valor de la diversidad: reconocimiento y dignidad
En el caso específico de la gente mayor, y de manera general, sabemos que para garantizar la autonomía individual de una persona que empieza o afronta la última parte de su vida, deberemos considerar de forma especial aspectos relativos a salud y movilidad, pero también los referentes a su formación, vivienda y capacidad de plantearse autónomamente y críticamente su propia realidad. Sabemos también que no todo el mundo llega a ciertas etapas vitales en las mismas condiciones económicas, culturales y de arraigo e inserción social. Tratar de manera diversificada las situaciones de clara desigualdad existente Un aspecto importante del proyecto es la relación entre gente mayor y las tecnologías de la información y comunicación, no como meros receptores de esas tecnologías, sino como operadores activos y autónomosentre la gente mayor es una garantía de que luchamos de forma adecuada para garantizar la igualdad de este colectivo. Y por lo tanto, deberemos ir clarificando que quiere decir ser ciudadano y persona mayor en un país que cada vez debería ser más capaz de reconocer y tratar con igual dignidad la diversidad de opciones vitales, sexuales, culturales y religiosas.

Ello exige un notable compromiso social en relación al futuro de la gente mayor en España. Tras muchos decenios de autoritarismo, de manipulación y de ocultamiento de la voluntad popular, disfrutamos desde hace ya treinta años de un sistema político que, con todos sus defectos, sabemos que es el que mejor puede permitirnos expresarnos y que nuestra voluntad sea representada. Pero, esta compromiso con la democracia no debería hacernos perder de vista que esta democracia, aquí y ahora, haría falta mejorarla y hacerla más receptiva a la voz de los que no tienen voz. Hacerla más capaz de responder a las necesidades y demandas de los que menos capacidades y recursos tienen. Y es evidente que muchas personas mayores se sienten poco escuchadas y poco acompañadas en relación a sus necesidades y desazones. Deberíamos pues caminar hacia una mejora sustancial en las formas e instancias de participación de la gente mayor en España. Una participación que no solo permita que se oiga su voz específica, que se expresen así sus demandas y puntos de vista, sino que asegure también que se puede avanzar en la transformación y mejora de la calidad de vida de las personas mayores.

Parece indudable que existe un gran potencial de participación de la gente mayor en España, pero es importante que entendamos que participar quiera decir no solo hablar, discutir y debatir, por importante que sea todo ello. Participar tiene que implicar avances concretos en la mejora y en la transformación de la realidad social de las personas mayores en España. Y para ello es necesario que los órganos de participación que ya existen, y que probablemente hace falta fortalecer y reforzar, no solo sean informados de lo que se quiere hacer por parte de los poderes públicos, sino que la gente mayor, sus organizaciones y representantes, puedan compartir la definición de los problemas que les afectan y colaborar en la búsqueda de las soluciones u oportunidades de mejora.


Implicación colectiva y compromiso ciudadano. El papel de las TIC
La plena inserción de las personas mayores en la sociedad española no pasa solo por tener garantizadas unas condiciones de vida dignas, disfrutar de la autonomía individual y ver reconocida nuestra especificidad personal y colectiva. Cuando afirmamos que la gente mayor tiene el derecho a gozar de una ciudadanía plena y a participar activamente de manera integral en nuestra sociedad, ello implica que los mayores no pueden seguir siendo simples objetos de atención y de administración. Implica que han de estar presentes en las dinámicas sociales y políticas de cada ciudad y de cada comunidad. En muchas ciudades y pueblos se han ido constituyendo consejos de representación de la gente mayor. No queremos decir que este tema de la participación y la implicación en los asuntos colectivos sea un tema que solo afecta a los mayores. Pero, hecha esta salvedad, eso no significa que no existan especificidades propias del colectivo de mayores en el problema más general de mejorar la calidad de funcionamiento de nuestra democracia. Participar en la vida comunitaria es, desde nuestro punto de vista, tan importante como pueda ser tener buena salud y disponer de recursos suficientes para vivir dignamente. Una persona activa y sana es, al mismo tiempo, una persona implicada en lo que le rodea, en el bienestar individual y colectivo. Deberíamos pues aprovechar mejor las potencialidades, fuerzas y capacidades. Y muchas veces vemos como a los mayores se les trata, también en este aspecto cívico y participativo, como personas que están ya de retirada. Hace falta impulsar el papel activo de la gente mayor en el deporte, en las relaciones afectivas, en el preocuparse por mejorar las capacidades educativas y tecnológicas, evidentemente. Pero también hace falta impulsar y canalizar el activismo, las ganas de hacer y de servir de la gente mayor en los espacios públicos, en la esfera del voluntariado, en la capacidad de hacer cosas por los demás.

¿No deberíamos pensar en cómo aprovechar el potencial de experiencia y ganas de hacer cosas de tanta gente útil que dispone de tiempo, recursos y capacidades? Sabemos de experiencias muy positivas en que de manera intergeneracional, jóvenes, adultos y mayores han trabajado conjuntamente para hacer avanzar iniciativas necesarias para sus comunidades. Desde el proyecto, queremos poner en valor estas experiencias. Sistematizarlas y favorecer el aprendizaje cruzado entre grupos y entidades. Y, en este sentido, un aspecto importante del proyecto, como decíamos en la introducción, es la relación entre los mayores y las tecnologías de la información y la comunicación, no como meros receptores de esas tecnologías, sino como operadores activos y autónomos. Entendiendo Internet y las transformaciones sociales que genera como una de las piezas clave en la que fundamentar nuestra investigación y sus posibles derivados tecnológicos.

Perfil: Joan Subirats


Doctor en Ciencias Económicas por la Universitad de Barcelona. Es catedrático de Ciencia Política de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Fue fundador y director del Instituto de Gobierno y Políticas Públicas (IGOP) en dicha universidad, en el que ahora dirige su programa de doctorado. Ocupó la cátedra Príncipe de Asturias en la Universidad de Georgetown, curso 2002-2003. Profesor visitante en las universidades de Roma-La Sapienza, University of California-Berkeley, New York University, Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) en México, Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad de Buenos Aires y General Sarmiento en Argentina, así como en centros de investigación españoles. Ha dirigido cerca de treinta tesis doctorales.

Se ha especializado en temas de gobernanza, gestión pública y en el análisis de políticas públicas y exclusión social, así como en problemas de innovación democrática, Internet y política, sociedad civil y gobierno multinivel, temas sobre los que ha publicado libros y artículos. Los más recientes son Los servicios sociales de atención primaria ante el cambio social, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, 2007; Análisis y Gestión de Políticas Públicas, Ariel, Barcelona, 2008; Políticas Urbanas en España, Icaria, Barcelona, 2011; Otra sociedad ¿Otra política?, Icaria, Barcelona, 2011. Colabora habitualmente en diversos medios de comunicación.

Perfil: Mercè Pérez Salanova


Es psicóloga, profesora asociada de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) e investigadora en el Instituto del Envejecimiento.

En 2003 con la dirección del proyecto «Promoviendo el Envejecimiento Activo» inicia sus trabajos de investigación sobre ese paradigma. Su interés por el campo de la participación de las personas mayores se ha plasmado en la dirección de investigaciones que abarcan el estudio de las prácticas sociales y los mecanismos de participación y la especificidad de la participación de las mujeres y de las personas en situación en dependencia. Ha formado parte del proyecto FUTURAGE en el ámbito de la implicación de los usuarios en la investigación y en la actualidad es miembro de la red transnacional REIACTIS, compuesta por investigadores que estudian la integración social de las personas mayores.

Ha creado y dirigido programas de formación de posgrado e iniciativas innovadoras en el ámbito académico, como el programa La Universidad a tu Alcance, que promueve oportunidades de formación a lo largo de la vida y fomenta la relación entre generaciones en los centros de formación de la UAB. Interesada por la aplicación del paradigma del Envejecimiento Activo, en 2010 asume la dirección académica del proyecto Barcelona Ciudad Amiga de las Personas Mayores.

Publicado en Núm. 08


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